SECRETOS DE LOS LATINOS
Una profunda reflexión desde el otro lado del mundo con unas sonrisas para los latinos
(Subtítulo de la versión japonesa:La última carta para sobrevivir en una sociedad desigual)
Autor: "Jarocho Japonés Samurai": Shigeru Kazuki
Ilustrador:https://www.facebook.com/illustrator.SagarJhiroh
Palabras del autor Shigeru Kazaki
Entre 1978 y 1979, estuve estudiando en la Universidad Veracruzana en México. Desde cuando llevo unos cuarenta años dedicado al trabajo de cooperación internacional e inversión, y más de la mitad de ese tiempo ha estado vinculado a América Latina.
Mi trayectoria abarca desde la exportación de productos de audio a Bolivia, Paraguay y Venezuela, hasta las obras de rehabilitación del ferrocarril boliviano, investigaciones sobre el medio ambiente y la acuicultura de mariscos en Chile, adquisición de equipos para la gestión de residuos en la Ciudad de Guatemala, estudios pesqueros en Honduras, conservación de manglares en Ecuador y la construcción de plantas industriales en Venezuela.
Además, en los intervalos de estos proyectos, logré explorar prácticamente toda la región latinoamericana. Al mismo tiempo, he mantenido mi carrera como escritor, publicando reportajes sobre la pobreza y la sociedad desigual en Japón y temas internacionales en revistas y periódicos, además de haber lanzado unos diez libros. Entre todas mis obras, la que siempre sentí que debía publicarse en América Latina antes que en Japón es justamente esta: Secretos de los Latinos.
Esta es una historia llena de humor que narra cómo un residente japonés sufre por el choque cultural en un país latino, provocando disturbios tanto en su oficina como en su pensión, mientras va asimilando poco a poco el estilo de vida local. Permite a los lectores redescubrir las virtudes del mundo latino, al mismo tiempo que conocen las diferencias en la sensibilidad y la cultura de los japoneses.
Es posible que los lectores de mi generación recuerden el pasado con nostalgia, pensando: «Ah, es verdad, así eran las cosas». Por otro lado, los más jóvenes descubrirán con asombro que existió una época así. En estos tiempos donde la costumbre de la siesta se está perdiendo, donde el internet móvil ha reemplazado a los periódicos como eje de la comunicación y la información, y el declive de la cultura impresa es evidente, asi como “Condorito” ya no habia publicado tanto(Solo en Chile).
Una de las metas que me quedaban por cumplir en la vida era publicar una historia que sirviera de puente entre Japón y América Latina. Esto es, en última instancia, una forma de expresar mi gratitud y devolver el favor a la gente de América Latina, y muy especialmente a los mexicanos. Y ese propósito se materializa en este libro.
20 de julio de 2026. Tulcán, Ecuador.
PRÓLOGO
—¿¡Por qué me mandan a mí a un país latino!?
En el avión rumbo al Aeropuerto Internacional Adiós, Yamashita lee el periódico.
«La inflación del año pasado fue del veinte mil por ciento... ya veo. Progreso en las privatizaciones. Fortalecimiento del apoyo del Banco Mundial y del FMI. El monto de la ayuda de Japón vuelve a ser el más alto este año. Lo sabía. Las zonas francas están en auge. Vaya, esto se ve bien. ¿Descubrimiento de una planta de procesamiento de cocaína en la selva? Vaya, vaya... ¿El poder pasa al hijo mayor del presidente? Y para colmo, el vuelo viene con seis horas de retraso. Es increíble, ¡maldita sea!...», murmura con fastidio.
Este es Takahide Yamashita, el protagonista de nuestra historia, leyendo un periódico en inglés a bordo del avión que lo lleva a su nuevo destino laboral. Tiene 29 años, está soltero y lleva cinco años trabajando para una importante firma comercial japonesa.
Cuenta con una maestría en administración de empresas (MBA) obtenida tras estudiar dos años en una escuela de posgrado en Estados Unidos, lo que se refleja en su inglés fluido y su ferviente devoción por los llamados "estándares globales".
Últimamente, Yamashita ha desarrollado el hábito de quejarse entre dientes, e incluso en este vuelo, rumbo a su primera asignación en el extranjero, sigue mascullando quejas sin parar. Al estar en su quinto año en la empresa, un puesto en el extranjero era algo que él mismo anhelaba profundamente. Por supuesto, aspiraba a un país de habla inglesa, idealmente a una oficina en Nueva York. De hecho, entre todos los de su misma generación, él era quien más viajes de negocios a países de habla inglesa había realizado.
Sin embargo, los sueños de grandeza de Yamashita se habían desmoronado tres meses atrás, cuando recibió la notificación oficial de su traslado por parte del Departamento de Recursos Humanos.


(Por favor imaginar que dice en NAME)
(Yamashita sigue murmurando con fastidio mientras recuerda el pasado...)
Yamashita tiene una prometida con la que ha jurado casarse. De hecho, aceptó este traslado en gran parte porque ella, con un entusiasmo desbordante, le dijo:
—¡Baile, música, comida, fútbol...! ¡Qué maravilla, suena fantástico!
A pesar de ello, la despedida en el aeropuerto fue bastante fría y distante.
Mientras Yamashita recordaba estos últimos tres meses —la notificación del traslado, las intensas clases de español y el frío adiós de su prometida en el aeropuerto—, la señal de abrocharse los cinturones se encendió y las bocinas del avión emitieron un anuncio distorsionado por la estática:
—Estimados pasajeros, en breve iniciaremos el descenso hacia el Aeropuerto Internacional Adiós...
Al dirigir su mirada hacia la ventana, observó las luces de un grupo de rascacielos que brillaban con fuerza en medio de la oscuridad.
«Llegar con seis horas de retraso... maldita sea...», pensó, mascullando entre dientes.

En ese preciso instante, Yamashita sintió una mirada intensa sobre él.
—¿Vas al Sheraton? Yo también me quedo una noche ahí. Y la verdad, no tengo planes para esta noche...
—No, bueno... yo, este... me voy a quedar en una casa de huéspedes. Es una orden de la empresa para adaptarme a la vida local.
—¿Una casa de huéspedes? ¡Ja! Con que esas tenemos... al final resultaste ser solo un estudiante.

Ella lo miró con evidente desdén y se alejó con un caminar arrogante, contoneando las caderas.
Las dificultades de Yamashita comenzaban incluso antes de pisar tierra firme, pero esto era apenas el prólogo de su historia. El "bautizo latino" que estaba a punto de comenzar superaba por completo cualquier cosa que él pudiera llegar a imaginar.





















